Somos la familia Camara. Vivimos en Montreal y buscábamos una idea simple para desconectar durante un fin de semana. Québec se impuso de manera natural… y la Ruta de sabores en la Île d’Orléans fue un verdadero flechazo.
Con nuestros dos hijos de 8 y 11 años, queríamos una actividad accesible, agradable y diferente. Desde los primeros momentos, dejamos la ciudad para sumergirnos en un entorno tranquilo, rodeado de paisajes hermosos y vistas al río San Lorenzo.
Cada parada fue una sorpresa.
En la nougatería, fue una fiesta para los niños. Turrones de cinco o seis sabores diferentes, colores pastel por todas partes… una tienda acogedora donde todo te da ganas de probar. Ya no sabíamos adónde mirar.
Luego, la sidrería Bilodeau. Wow. Todo estaba delicioso, pero la mantequilla de manzana… un flechazo absoluto. Rica, sabrosa, reconfortante, un verdadero producto local como nos gusta.
En el Domaine Sainte-Famille, el ritmo cambió. Nos tomamos el tiempo. Sentados en el huerto, a la sombra de los árboles, todo era tranquilo, bonito, casi perfecto. Un momento suspendido.
Y para terminar, la Vinaigrerie du Capitaine. Un descubrimiento inesperado. Productos de una fineza increíble, muy lejos de todo lo que conocemos del supermercado. El propietario se formó en Europa y se nota: sus vinagres son complejos, equilibrados, excepcionales.
Lo que más nos marcó, más allá de las degustaciones, fue la sencillez. Todo es fluido, bien organizado, sin estrés. Uno se deja llevar, disfruta… y saborea.
Para nosotros, este día en la Île d’Orléans quedará como uno de los momentos más bonitos de nuestra estancia en Québec.
Una actividad perfecta para descubrir el terruño quebequense… en familia.
Familia Camara